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Adaptación y emociones / Tristeza

Adaptación y emociones

Tristeza

Comprender la tristeza y el espacio que ocupa en tu vida.

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Comprender cómo estás viviendo la tristeza.

La tristeza puede aparecer ante pérdidas, decepciones o situaciones difíciles de asimilar. Nos interesa conocer cuándo aparece, cómo la expresas y de qué manera influye en tus relaciones y actividades. Empezamos por escuchar lo que te ocurre.

Puedes contar qué ha cambiado en tus ganas, tus relaciones o tus actividades, aunque no sepas por qué te sientes así. La experiencia de tristeza merece espacio sin reducirla a una cuestión de actitud.

Situaciones que la acompañan
Interés y actividad cotidiana
Necesidades emocionales

Evolución, contexto y necesidades.

Para situar el malestar importa desde cuándo está presente, cómo cambia y qué efecto tiene en tu vida. También interesa conocer qué actividades conservas, qué te ayuda y qué está costando más.

La tristeza y la depresión no son términos equivalentes. Si aparecen pérdida persistente de interés o dificultades importantes en el funcionamiento cotidiano, una valoración permite comprender el conjunto de lo que ocurre sin sacar conclusiones desde una lista de síntomas.

01

Lo que estás viviendo

Qué ha cambiado y cómo lo expresas o lo compartes.

02

Su lugar en tu día a día

Cómo afecta al interés, las relaciones y las actividades habituales.

03

Los apoyos que necesitas

Qué te ayuda y qué preguntas conviene aclarar en la valoración.

Un acompañamiento conectado.

Las áreas explican lo que puede preocuparte; los servicios concretan cómo podemos trabajar contigo. La orientación inicial ayuda a conectar ambos.

Psicología infantil y adolescente

Psicología infantil y adolescente

Un espacio para entender lo que le pasa. Un apoyo para acompañarle en familia.

Psicología para adultos

Psicología para adultos

Comprender tu momento. Encontrar una manera propia de avanzar.

Antes de dar el primer paso.

¿Estar triste significa tener depresión?

No son términos equivalentes. La valoración tiene en cuenta la evolución, el conjunto de dificultades y su repercusión cotidiana. Una emoción o un ejemplo aislado no permiten establecer un diagnóstico.

¿Puedo consultar aunque siga trabajando o estudiando?

Sí. Mantener algunas responsabilidades no explica por sí solo cuánto te cuesta sostenerlas. Puedes hablar del esfuerzo, del malestar y de los apoyos que necesitas.

¿Y si consulto por mi hijo o hija?

Puedes explicar los cambios que observáis en casa o en la escuela y cómo los vive el menor. Su edad, su experiencia y su entorno ayudan a situar la consulta.

Podemos empezar por lo que te preocupa.

No hace falta saber qué servicio elegir. Cuéntanos tu situación y te orientamos sobre cómo empezar.

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